Fueron 10 días de recorrer un Estado para mi aún desconocido: El Estado
Sucre, al Nororiente de Venezuela, en pocas palabras: Pescado y Mariscos
baratísismos, playas sucias; todas a Excepción de playa Medina, la
única en la cual te cobran para permanecer en ella, y una coperativa de
combibes la mantienen limpia y bella..ojala nos acostumbremos a pagar
para que limpien, ya que somos una plaga que ensucia hasta en los
lugares más bellos de Venezuela. Los lugares: Araya: Carretera malandra
llena de huecos, aunque me quede menos mal esperando los negros en
machete que te paran en Campoma para atracarte. En Playa castillo,
Letrinas improvisadas en cada rincón de la vieja fortaleza hoy en
ruinas, sancocho, parrilla y regaeton a toda mecha...me sentí en
Cuchivano en Higuerote; En la vía a Casanay, un buen lugar: Las Aguas
de Moises, parque temático donde te sientes en una casa de Campo de un
Jeque en el Medio Oriente, o en Puerto Triunfo en la Hacienda Nápoles
(la que era de Pablo Escobar) Un gran esfuerzo el que se hace allí...la
verdad fui dos veces. Más al sur, vía el pilar, AGUA SANA unas
deliciosas aguas termales, que si vas antes del medio día son solo
tuyas, las maneja gente joven (Hippies) de muy buen trato, y más al
sur, ya en Monagas un sitio impelable: Las Cuevas del Guacharo, son
1.200 Metros no aptos para claustrofóbicos, de galerías y formaciones
calizas milenarias, Lo feo: a 1.200 Mts hay grafitis de gente sin
oficio, sobre formaciones que tardaron miles..MILES de años en quedar
como las ves. La estadía fue en Carúpano, Pueblo grande de mercado
bullicioso y lleno de abundantes y coloridas frutas y verduras, calles
sucias, semaforos escondidos tras los arboles, sin agua durante los 10
días de estadía (Bendito el tanque de agua) y sin luz cada noche, gente
amable, malecón precioso y lleno de vida, atardeceres de luces
inolvidades y cálida brisa. Psicosis de Inseguridad por doquier (nada
pasó) y propaganda Chavista en cada pared, tambien de Rosales y "Su
Negra"...Me quedo con este resumen y dejo a propósito de lado tantos
otros detalles para no acusar amargura ni decepción, y cuidar a
cualquier esperanzado e incauto lector que se anime así a ir, conocer y
darle valor propio a un sitio tan lejano, colorido y constrastante.

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